El plan para ampliar el puerto en El Sauzal, Ensenada —con inversión federal de más de 5,700 M MXN— levanta alarma entre hoteleros, viticultores y colectivos ciudadanos. Temen que un monstruo industrial acabe con la esencia turística y natural de la región .

La llegada de infraestructura ferroviaria, muelles y patios industriales a la entrada de la ciudad no es un capricho: es parte de un megaproyecto que promete modernización portuaria. Pero también podría ser el fin de la Ensenada que conocemos. Hoteleros y empresarios vitivinícolas exigen claridad: ¿quién va a relevar el entorno del Valle de Guadalupe? Porque aquí, si el paisaje se pierde, también lo hace el negocio.

Cuando la carga avanza, el turismo retrocede

La Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles de Ensenada (AMHME) alertó que un puerto de carga e industrial transformarían la entrada de la ciudad en un polígono poco atractivo para turistas. Lo mismo alerta ProVino Baja California, que teme ver caminos colapsados, depósitos improvisados en zonas ecológicas y una erosión visual del Valle de Guadalupe, motor de la economía local. Y el colectivo Ensenada Digna lo remata: Sin un plan maestro de movilidad y ordenamiento urbano, esto no es desarrollo, es atropello. No basta invertir millones: si no se acompaña de infraestructura vial, saneamiento ambiental y regulación, los costos logísticos se convierten en costos sociales .

El turismo y el vino que dan vida a Baja California no resisten un paisaje roto por contenedores y vías. El Sur del Norte exige voluntad política, diálogo real y un plan que incluya a quienes viven y trabajan aquí. Antes de grúas, que se pongan mesas reales de discusión.

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