Una vez más, la Suprema Corte entra a corregir la plana del gobierno federal. Esta vez, por una referencia en los libros de texto de primaria que, sin miramientos, revivía un audio en el que el exconsejero del INE, Lorenzo Córdova, se burlaba de representantes indígenas.

Con seis votos a favor, la SCJN ordenó a la SEP suspender la distribución de los libros que contienen una mención directa a la burla de Córdova, grabación filtrada hace años donde imitaba con tono despectivo a un líder indígena. Aunque el comentario existió, la Corte sostuvo que su uso actual vulnera su derecho al honor y a la presunción de inocencia.
¿Crítica o difamación? El límite que no se puede cruzar
La mención estaba incluida en un apartado que señalaba “la hipocresía de funcionarios públicos que se burlan del pueblo mientras se dicen defensores de sus derechos”. No es que se niegue el hecho, pero el uso editorial dentro de un texto escolar es lo que la Corte consideró inapropiado para un material dirigido a niñas y niños, sin espacio para una lectura crítica o contextual.

Más allá de proteger a Córdova, este caso pone el foco sobre el manejo político que puede tener la educación pública. La Corte, con esta decisión, pone un alto —aunque tardío— a contenidos que más que educar, buscan señalar y adoctrinar.
El respeto a los pueblos indígenas se defiende con hechos, no con sarcasmos reciclados. Y si de verdad se quiere formar conciencia, no se hace desde el odio ni la burla disfrazada de pedagogía. Aplaudimos que se haya corregido a tiempo, pero seguimos exigiendo que los libros eduquen, no adoctrinen.
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