En Gómez Palacio, Durango, un video encendió las redes y el debate: un menor, de entre 10 y 14 años, aparece manejando un camión de transporte público con pasajeros a bordo. La escena, que duró apenas unos segundos, desató una oleada de reacciones… pero también una respuesta inmediata de la autoridad.

La grabación, tomada por un usuario del transporte, muestra al menor sosteniendo el volante con apenas la mitad del cuerpo asomando por encima del tablero. No había simulacro ni “juego”: la unidad estaba en circulación. El hecho no solo pone en evidencia un acto de irresponsabilidad del chofer titular, sino que expone la fragilidad de la seguridad vial en algunos sistemas de transporte público del país.
Respuesta oficial — cero tolerancia
La Subsecretaría de Movilidad de Durango no tardó en actuar. Localizó la unidad, aplicó sanciones al operador y envió el camión al corralón. Se trató de un castigo ejemplar, que según la autoridad busca dejar claro que no se permitirá poner vidas en riesgo bajo ninguna circunstancia.
La dependencia también anunció que reforzará operativos sorpresa y revisiones aleatorias en el transporte público para prevenir situaciones similares, incluyendo inspecciones directas a conductores y condiciones mecánicas de las unidades.
Más allá del morbo viral
Si bien en redes sociales surgieron comentarios que lo tomaban con humor, la realidad es otra: México arrastra altos índices de accidentes viales causados por imprudencia y negligencia. Poner al volante a un menor no es solo una violación al reglamento de transporte, sino un potencial delito por poner en riesgo la vida de terceros.

El caso deja claro que no todo lo viral es gracioso y que el transporte público, especialmente en regiones del norte, debe blindarse contra cualquier acto que ponga en jaque la seguridad de los pasajeros.
En esta, las autoridades actuaron rápido, y eso se reconoce. Pero el mensaje debe ir más allá del castigo puntual: la seguridad vial no es negociable. El norte exige operadores responsables, revisiones constantes y cero margen para la imprudencia.
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