En México, 8 de cada 10 feminicidios comienzan con una conducta silenciosa: el acecho.
Según ONU Mujeres y el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), el hostigamiento persistente, la vigilancia constante y la intromisión digital son las antesalas del feminicidio en todo el país.
El problema es que solo una mínima parte de los casos de acoso y acecho criminal terminan denunciados formalmente, pues las víctimas no reconocen los síntomas de violencia hasta que es demasiado tarde.
Del acecho al feminicidio: una línea delgada entre el control y el crimen
- Expertos alertan que el acecho es una forma de violencia de género invisible que precede a los feminicidios en un 80 % de los casos.
- Se manifiesta en persecución constante, mensajes insistentes, espionaje digital, seguimiento en espacios públicos y amenazas encubiertas.
- La mayoría de los agresores son parejas o exparejas sentimentales que buscan controlar o castigar a las mujeres.
- Los casos crecen en zonas urbanas e industriales, donde la vigilancia electrónica y redes sociales se convierten en armas de acoso.
- Sin embargo, la ley mexicana aún no reconoce plenamente el acecho como delito autónomo, dejando a las víctimas sin protección efectiva.

El Estado, la ley y las mujeres: urgencia de prevenir, no solo castigar
- En 2024 se reportaron más de 827 feminicidios en México, según datos del SESNSP, aunque organizaciones civiles hablan de más de 2 000 casos reales.
- Especialistas exigen campañas de prevención temprana, capacitación policial y reforma legal para tipificar el acecho como delito grave.
- La educación de género, el uso seguro de tecnologías y la atención psicológica inmediata son claves para romper el ciclo de violencia.
- Cada día que pasa sin legislar se pierden vidas y se refuerza la impunidad estructural contra las mujeres mexicanas.
El acecho no es romántico, es criminal. Y mientras México tolere que se espíe, se controle y se persiga a las mujeres sin castigo, el feminicidio seguirá creciendo como si fuera inevitable.
El primer paso para detener la violencia no es enfrentar al asesino, sino reconocer al acechador. Porque la prevención es justicia antes del crimen.

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