En Sinaloa, un grupo de maiceros hartos de esperar sus apoyos federales tomó la caseta de Alhuey en Angostura para exigir pagos pendientes y políticas reales para el agro.

Con rabia y paciencia agotada, campesinos de la agrupación Campesinos Unidos de Sinaloa cerraron la caseta cada 30 minutos para presionar al Gobierno Federal. Su reclamo: los apoyos de 750 pesos por tonelada y los 200 pesos adicionales por coberturas desde hace más de un año aún no se les han entregado. Una protesta que suena simple, pero que retumba como eco de abandono institucional.
Entre el bloqueo y la desesperación
Según Baltazar Valdez Armentía, dirigente campesino, el atraso ha dejado a productores sin capital para sembrar, y la llamada “mesa de diálogo” con Hacienda, Gobernación y SADER sigue sin instalarse.
¿La respuesta? Bloquear los accesos: 10 minutos abierta, 20 minutos cerrada. Una acción que refleja una verdad incómoda: el campo no espera mientras el centro dilata. Y no es un grito aislado: productores de Tamaulipas, Guanajuato y Jalisco ya se sumaron al clamor nacional, exigiendo precios de garantía justos y respuestas claras.

El reclamo del campo no es una escena montada: es un ultimátum. ¿Vamos a ver más tomas voluntarias antes de que la federación cumpla sus promesas? El norte exige que sus semillas se conviertan en soluciones, y no en bloqueos.
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