La próxima Reforma Electoral 2025 propone transformar al INE en un nuevo instituto, y que los consejeros electorales sean elegidos por votación directa ciudadana en lugar de por el Congreso.

A partir de septiembre, el Congreso debatirá una reforma que daría a los ciudadanos la capacidad de elegir directamente a los consejeros del INE. El objetivo declarado: reducir el financiamiento público, eliminar las listas plurinominales y racionalizar el gasto electoral. Crédito oficial o trampa política: grupos como el PVEM y PT se oponen y alertan sobre riesgos de desigualdad y manipulación partidista.
El exconsejero Benito Nacif advierte: “será otra elección de acordeones” y Lorenzo Córdova considera radical el cambio de fondo en nuestra democracia electoral
Entre promesas de eficiencia y el riesgo de centralismo disfrazado
La estrategia oficial propone recortar plurinominales, limitar recursos a partidos y reducir el presupuesto del INE. Sin embargo, críticos especulan que esto puede favorecer al partido en el poder, por su mayor control territorial y mediático. La resistencia viene incluso desde aliados de Morena, señalando que sin consenso amplio, esta iniciativa podría ser un paso atrás para la democracia mexicana.
El INE ya sobrevivió elecciones judiciales recortadas y caos logístico hace poco; ahora se enfrenta a un cambio estructural que redefine su mismo nombre y lógica operativa.

La pregunta no es si cambiamos el nombre del INE, sino quién controla las urnas desde adentro. En el norte del país exigimos más claridad que slogans.
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