La reforma electoral plantea introducir el voto electrónico en futuras elecciones, pero el costo estimado supera los 3 mil millones de pesos.

Expertos y exconsejeros del INE no lo pintan como ahorro: para implementar 170 mil urnas electrónicas, México tendría que desembolsar al menos 3,500 mdp – más que el presupuesto del Estadio Azteca o la Agencia de Transformación Digital. El exconsejero Benito Nacif advierte que además esto implica un riesgo real de obsolescencia tecnológica.
¿Modernidad o caja negra sin control ciudadano?
Aunque el voto digital agiliza resultados y evita boletas y actas impresas, especialistas como Lorenzo Córdova señalan que la inversión no se amortiza si no hay claridad técnica y mecanismos de control.
Además, implicaría capacitación masiva, infraestructura segura y un marco legal que aún no se define. La urgencia tecnológica no puede justificar improvisación: si se activa, que sea con transparencia total y garantías reales.

El norte exige innovación, sí. Pero también exige rendición de cuentas. Si se trae el voto electrónico, que venga blindado contra fallas y manipulación.
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